
Después de algún fracaso amoroso me sentía mal, vacía, sin objetivos y con pocas ganas de luchar, aunque intentaba continuar mi vida apoyándome en mis estudios, mi trabajo, mis amigos…realmente nunca perdí la esperanza de que la vida me mostrara otra nueva oportunidad para enamorarme de la persona adecuada y ser feliz.
Durante el verano del pasado año, comencé a trabajar en un bar muy cerca de mi casa, empecé a ver a un chico que nunca antes había visto; un nuevo vecino, el típico vecino guapísimo, rubio de ojos celestes… totalmente inalcanzable, y mucho menos para mí, o eso pensaba yo.
Pasaron algunos días, y este muchacho comenzó a frecuentar el bar donde yo trabajaba. Sonrisas, miradas de complicidad… aunque todavía apenas nos conocíamos.
Uno de esos días, terminé de trabajar y mi sorpresa fue que me estaba esperando en la puerta del bar para invitarme a dar un paseo, charlar y conocernos.
Dimos el paseo, hablamos mucho de nosotros, de nuestras vidas… Permanecimos unos segundos en silencio, y sucedió lo inesperado…¡nuestro primer beso! Desde ese preciso instante supe que me había enamorado, sentí cómo mi corazón palpitaba desenfrenadamente, sentí algo inexplicable, algo que nunca había sentido por ninguna otra persona. Ese sentimiento trajo a mi cabeza grandes miedos e inseguridades.
Fue pasando el tiempo y mi mente cada día permanecía más confusa, menos clara. Cada momento tenía más miedo a lo que estaba sintiendo, temor a lo desconocido.
Durante esa época me cerré al amor, a mis sentimientos; me cerré a quien yo sabía que era el gran amor de mi vida. Comencé a hacer cosas sin sentido, que no coincidían con mis sentimientos, sin saber realmente por qué lo hacía: peleas, discusiones, excusas, mentiras… que no nos llevaban a ninguna parte, sólo a hacernos daño.
Sentía que lo amaba con toda la fuerza de mi corazón, con toda mi alma, pero no estaba segura de lo que debía hacer puesto que para mí las cosas no eran tan fáciles. Él era extranjero y sea como fuere, ya se sabe, la calle, los amigos, la familia y sus opiniones hicieron mella en nuestros sentimientos.
Decidí darme un tiempo, pensar, que cada cual intentáramos tomar nuestro camino y hacer nuestra vida por separado. Él empezó a conocer a otras chicas y yo mientras intentaba reparar mis sentimientos hacia él buscando a otra persona para así desprenderme de mis sentimientos, pero es imposible, podemos decidir qué pensar, cómo actuar, pero no de quién enamorarnos.
Él continuó saliendo y conociendo a otras chicas. Diversión, sexo… no lo sé (y, sinceramente, prefiero no saberlo) mientras yo y mi alma íbamos muriendo poco a poco de ver al hombre de mi vida, al príncipe de mis sueños con otra persona que no era yo.
Ya sólo éramos simples amigos, aunque los dos éramos totalmente conscientes de lo que sentíamos el uno por el otro; ya no quedaban miradas, palabras bonitas, sonrisas…ya nada era lo mismo. Mientras tanto mi alma continuaba pereciendo poco a poco.
Realmente siempre he sabido disimular mis sentimientos, tal vez por miedo o sólo por circunstancias de la vida.
Llegaron las fechas más entrañables que tenemos, Navidad, y yo continuaba sin tener su amor aunque por fin me decidía a actuar…
La noche del 24 de diciembre teníamos una fiesta en la discoteca, donde él trabajaba de portero… Me decidí a dar el gran paso porque allí se me vinieron a la cabeza muchos recuerdos y momentos felices que habíamos vivido juntos en ese lugar. Decidí salir a la puerta y, sin más, le di un beso en los labios…el beso más sincero, bonito, sencillo y cariñoso que jamás en mi vida había dado.
Para mí ese beso significaba la oportunidad de volver a luchar por mis sentimientos, pero me equivoqué, me equivoqué mucho, puesto que a los pocos días el gran amor de mi vida quedaba con otra. Al enterarme de la noticia se me partió el alma, y fue cuando comencé a darme cuenta de que le perdía.
Algunos días más tarde, la noche de fin de año, estuvimos separados, cada uno la pasaba en un sitio diferente, mientras yo estaba con todos mis amigos en una casa en El Rocío…él… ¿dónde estaba? No sabía nada de él desde la noche de Navidad… ¿con quién estaría…? ¿estaría bien?... Mil preguntas sin respuesta para mí.
Fue en ese mismo instante, al ver a algunas parejas de amigos juntos y felices, cuando me di cuenta de que ya le había perdido y decidí luchar, de nuevo, por él. No pararé hasta tener su amor, sus besos, su cariño, nunca dejaré de tener esperanzas.
Volví a buscarlo, a intentar recuperarle, comencé a explicarle lo que sentía y lo que quería, sin saber cómo iba a reaccionar. Por suerte para mí no tuve que explicarme apenas, mis ojos y mi mirada lo decían todo por mí. Él me confesó que estaba totalmente enamorado de mí y que nuestros sentimientos eran iguales.
A partir de ese mismo instante soy la mujer más feliz del mundo a su lado. Él es la única voz que ilumina mi vida, mi guía en mi camino, mi razón de ser. Ha cumplido mis sueños, me ha devuelto la alegría y las ganas de seguir.
Algunas veces me emociono recordando cómo fui tan estúpida de dejarlo escapar, aunque a veces tenemos miedo uno del otro, miedo a hacernos daño y de pensar… ¿qué sería de nuestra vida el uno sin el otro?
…Me alegro mucho de haberle conocido…
Moraleja: “Sigue siempre los pasos que te dicte tu corazón, vive tu vida y nunca hagas caso de opiniones sin fundamento”.